Sunday, May 24, 2009


María Montelongo



Que has cambiado, que te han llevado a terapia, que ya no te muerdes las muñecas y que ya no persigues a la gente peor que un policìa.

Me has pedido que te deje entrar a casa, que ya no me atacaràs con una estrella ninja o algùn pedazo de carbòn en los ojos.

Te recuerdo como la chica psycho.

La bella chica de tobillos delgados y patadas de caballo.

Me has mordido un huevo, mientras hemos hecho el amor, ¿recuerdas?. ¿Lo has olvidado como la vez que incendiaste el clòset y toda mi colecciòn de figurillas japonesas?. Te has metido en problemas de los que te he sacado y aun me dices que has cambiado, como la ùltima vez que te atrapó el ejército en la carretera Nacional, y juraste que "eso" te lo habìan plantado, y al preguntarte quièn, me encriminaste peor que a un narcotraficante. Me prometes que cambias a cada rato, y eres peor que una canciòn mexicana, te creo cuando mientes, cuando lloras y engañas con tu sonrisa de princesa alcohólica.

Te invito a casa a festejar tu cambio. Preparo unas latas de cerveza y algo de botana. Te sientas en mi cama y pestañeas acariciàndote la pierna. Me gustas como siempre, te digo y te acerco los labios al cuello. Tiemblas, dejo pasar mi mano sobre tu espalda y te estremeces como una botella de coca-cola a punto de abrir, sudas. La terapia te ha hecho bien, ya no maldices cuando te toco o beso, ya no estallas cuando te comfieso por què no te he llamado o ya no te quejas de la temperatura a la que sube mi piel al tocarte.

¡Vaya que has cambiado!, te ha cambiado tanto la mirada, la secuencia de tus gestos de pelìcula sado, vaya que te han cambiado esas recetas de psiquiatra, tanto que te has quedado dormida, en el momento que màs me ardìas.

¡Nunca cambias!

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