Saturday, November 29, 2008

A manera de riesgo, escribo esto, con sinceridad y sin esperar nada. Porque si los valientes mueren de algo, es por ser puñetas. Y así soy yo, tengo pizca de las dos…

Podría seguir con un comentario, como: qué gusto que seas un buen lector, ya ves, también a mis lectores les dedico algún post y uno que otro río de mierda. Pero, ¿qué gano yo con meterme con tu orgullo y tus impulsos y contestar tu mensaje de texto? ¿Qué gano con tratar de mandarte una risa de sarcasmo o alguna chingadera? Sí la verdad es que ese post, debo reconocerlo, fue un corazón roto y ardides, porque no sentimos lo mismo (hablando de tiempo atrás). Oye, tengo que recuperarme, jamás pensé que fueras a leerlo, si hubiera querido, te lo hubiera mandado con especial dedicatoria. No te juzgo. Eres a la única persona que me importó interpretar, a la única que aunque no lo creyó jamás, por mi comportamiento, quise de verdad. Lo hice, eh, no hubo duda jamás en ello. Fuiste el verdadero amor de mi vida, hasta ahora vida, y nadie me quita la idea de ello.
“Me falta orgullo y no tengo dignidad” eso decía siempre, pero ya el tiempo me los dio, así, que por eso no contesto, la verdad es que todos tenemos días así, impulsivos, de lecturas y de errores. Cuídate y saludos también. Isa.

1 comment:

Chris T.R. said...

Cito la Ley 19 de Niven:
"Think before you make the coward's choice. Old age is not for sissies." (Yo sé que se ve feo, pero en la lengua inglesa el punto se deja dentro de la cita).

http://en.wikipedia.org/wiki/Niven's_Laws

Yo no sé si tiene más gloria por soportar el dolor el que regresa herido de la batalla, o si tiene más el que nunca fue herido pero hirió a otros, o les supera el que murió. Todos ellos están viciados a su manera: el primero con la guardia baja y volviéndose una carga para otros, el segundo porque quizá fue el exceso de cautela y no la habilidad lo que le ganó la inmunidad, y el tercero porque con intención o sin ella, ya no volverá nunca a la batalla.

Supongo que la paz la encuentra cada ronin en la firmeza del paso y el filo de la espada propia. El filo ajeno es solo eso, ajeno, y basta con respetarlo.