Thursday, February 22, 2007

Vuelve a mí…. Hay frases que te pudren la herida. La sala de cine estaba casi sola, sólo unas cuantas personas y yo. A lo mucho éramos cinco personas para una sala de 100 personas y ella le susurró: Vuelve a mí. Esas palabras me pudrieron, porque no tengo un vuelve de unos labios acanelados. Me sentí triste y puse la cabeza en la mampara del trabajo y me quedé viendo al chico de servicio al cliente, que me gusta a veces, y ese tipo del que no recuerdo su nombre y me coquetea seguido, puso una caricia sobre mi cabeza, y de nuevo me sentí como un gato, uno que ya no quiere irse con cualquier dueño.
y espero
y regreso
esperando que
vuelvas a mí. Niña gato

1 comment:

María Montelongo said...

A veces llegan historias como esta a la puerta de mi casa:
I. Coquish envió un boleto de avión de clase turista sin regreso, tan sólo la ida, una ida definitiva. Porque Monterrey ya no me duele, ni sus baches, ni sus personas, ni sus espaldas picadas por el sol y ni las viejas amistades que se perdieron en el drenaje de cualquier caño de la avenida Juárez. Monterrey se me ha encogido en un boleto de avión de clase turista a Canadá….
II. Tocó la puerta con un llanto de inmenso dolor, porque la vida no es justa, porque se siente raro como Henry Miller antes de ver las faldas de esa chica que les mostraba las bragas por amor a todos los chicos del barrio. Tocó y pidió un favor: ¡Mátame, Isa, mátame! Y cuando bombardeó así con su llanto, me atrevo a decir que tiene el trópico de capricornio en el corazón.
III. Como una ráfaga, como una ráfaga a la que le cerraba un ojo, un chasquido entre pestañas, vino desde Texas, a platicarme, a decirme: Teología del gran ñoño.
Atravieso la puerta de mi casa y todos a los que he amado están ahí, en un beso en el andador 36, el latido de un gato como caricia en mi espalda, el sonido de la guitarra, el clicleo de la cámara, las sonrisas, las bebidas y la sangre vomitada, el cierre de una puerta, el reloj en las manos de los niños y niñas con los que aprendía a jugar a la cebolla, a la cuerda y con los que vencí en terror, y los años, años y años que pasan que miran las historias que llegan a la puerta de mi casa.


Jejeje, para fondo de piolín