
Y me voy de nuevo, apenas llego a respirar a Toronto sentada en una mesa, y tengo que irme otra vez... ya no sé si el tren va o viene, mientras lo espero con la mano en la cintura.



Monterrey = Cerro de la Silla. Esta es una foto que tomé desde Ruiz Cortines, una de las avenidas principales de Monterrey, donde pasé muy buenos tiempos. Recuerdo que en lugar de irme en camión hasta la editorial, iba caminando con Salvador (quien me hizo muy muy feliz) por toda esta avenida más para allá de los panteones, como tres kilometros, y siempre unos guarros lujuriosos del taller mecánico le gritaban a mi vikingo "mamacita" por su cabello largo y figura escasa. Realmente era para ofenderse porque a mí ni siquiera me decían "morena cuerpo de uva aquí está tu rin cromado". Chale con estos tipos. Lo que se pasa en Cortines, avenida frente al cerro de la Silla, donde fui muy feliz de la mano de un niño.
Hay canciones que oía, pero no escuchaba, una que por una frase me heló: desahuciado está el que tiene que marcharse a vivir una cultura diferente… canción compuesta por Gieco, y otra que dice así: despídete ya no estarás al menos ten conmigo esa bondad. Estoy lejana sin todavía irme, sé lo que me espera, y los abrazos que me llevo. Pero ya nos vamos, una maleta que lleva poca ropa, víveres, papelería personal, libros de gramática española y como me dice Calder, No te quiero ver aquí, la esperanza de volver al terruño sólo a morir. Hoy le pregunté a Calder si quería a Monterrey, Noooo, hay gente que quiero, pero no quiero a Monterrey, yo sí, le dije sin que me preguntara, sí lo quiero como tú quieres a Victoria. Y quiero como Machado hacer esta tierra mía aunque sea en el momento que me entierren en ella. Qué digan que estoy dormido y que me traigan a aquí, México lindo y querido si muero lejos de ti… |
Simplemente no hay clinch, simplemente dejo recuerdos a unas manos como a otras que no saben, que les falta y me recuerdan tantas paredes antes besadas sin que pase nada más que el hecho del beso. Simplemente no hay clinch, no hay fuego en el vientre. |
Dos de mis orejas Suelo sacarme los mocos cuando estoy ebria o tengo mucha calor, embarrunarlos en las piernas, aunque no sean las mías, suelo andar en boxer y abrir la puerta de casa cuando menos espero que alguien más esté en la puerta, y lo que solía era tener dos orejas confesoras, una quien escuchaba la confesión y otra que distraía la verdadera confesión. Dos de esas orejas eran el cuello de una botella y mi amiga Dinorha a quien extraño tanto. Y ahora suelo como antes, salir de Monterrey. |
hernan says: o que no ha llegado tu príncipe porque no te revuelca como en el sueño... No es lo que necesitaba, una ruda revolcada. Le temo tanto al deseo, como me dice la vulpes, no me gusta el vacío, el orgasmo es caer en el vacío, y no soporto caerme en el vacío. Ayer vi al vikingo, lo quise mucho mucho, quise al que fue no al que es, ahora es natural, tal vez si lo hubiera conocido así, ni siquiera me hubiera atraído tanto su aroma. Me vacíe ayer, y en lugar de soñar la revolcada de mi vida, soñé un dulce pastel de chocolate que calmó el alma. Del príncipe azul, ahora está compuesto de huevo y harina. |
Dora me estuvo fregando toda la noche, hasta que le contesté: Ya sé, ya sé, frase regia para decirle que me deje en paz, qué puedo decir. Justifico y digo, es que tenía mucha sed… al final de retorcidas cuentas, ¡qué importa!, si salgo con mi peinado de colegiala, mis coletas decaídas, un pantalón entallado, y un escote de angina a ombligo, qué puede esperar, a que me quede sedienta, sentada en una mesa conversando con los cacahuates, cosa más aburrida, pero que hace costumbre, crujir y crujir cacahuates en la misma muela. Al fin y al cabo, dime ¿cuántas cheves más?, o todavía ¿tienes sed? |